
O la infantilización de la sociedad...
Porque sino, cuesta comprender cómo este cuentecillo de miedo, técnicamente muy bien hecho pero desde un punto de vista cinematográfico bastante mediocre, es aclamado por la crítica especializada como una obra maestra contemporánea.
Y digo yo, ¿cuál es el mensaje, el contenido, la reflexión...? O, si es mero entretenimiento, ¿por qué en muchos momentos aburre y carece de interés? Sin duda no se debería esperar mucha profundidad de una historia parida por
Neil Gaiman, pero sí un poco de espíritu crítico por parte de los que se dedican precisamente a eso, a criticar.
Se confirma que la crítica ha perdido el norte, encumbrando entretenimientos como el
Star Trek de
J.J. Abrams o
esta decente película de domingo por la tarde, y hundiendo productos de similares características... sólo porque sí.
Y ojo, que
Coraline es una película decente. De aspecto infantil a la par que oscuro, no va dirigida a niños y niñas, sino a una eterna juventud afincada entre los 30 y los 45 años, hija de la cultura pop y el cine ochentero de puro entretenimiento. Parece que la crítica comienza a comulgar con este cine falto de pretensiones -quizás porque los nuevos críticos se encuentran dentro de esta hornada nacida del
babyboom-, lo que es de agradecer, pero quizás se pasen de modernos trasnochados buscando la quintaesencia del cine en una película que, seamos serios, no pasará a la historia del séptimo arte.